Concurso Instagram Escuela Tinta Púrpura V
Marisa camina nerviosa
de un lado a otro por la cocina, con la única compañía del tic-tac del reloj.
Cada segundo descuenta.
La taza de café no
satisface tanto dolor, tanta incomprensión y con el desconsuelo como mirada
recorre los estantes vacíos de la estancia.
En el pasillo, apoyada
en la pared, descansa la preciosa bicicleta roja. Pacientemente espera a que
regrese Julio, su pequeño, arrancado de sus brazos y tutela por una mala praxis
paterna y demasiadas causas ajenas que han sumergido su vida a la desgracia.
La impotencia inunda
sus ojos y encharca sus mejillas. Ya no le queda nada.
Ayer se llevaron al
niño y hoy la echan de su casa. Ya no tiene trabajo y en momentos como este se
siente sola, abandonada y perdida. No encuentra a nadie que entienda su dolor y
no se siente capaz de encontrar la solución.
Hecha una bola con su
cuerpo, su única posesión, la tristeza nubla su mente. Mientras las mangas de
su camiseta recogen sus lágrimas y mocos, que van elevando su estado de
aturdimiento.
Vacío, todo en su visa
está vacío, como el camino a la libertad que le separa del quinto piso al asfalto.



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