MI MÓVIL
La tortura del siglo XXI es
cuando el aparato que te acompaña en todos los momentos de tu vida no suena, no
vibra, ni da señales de vida aunque esté a 100 % de batería. Ese pasotismo
hacía tu persona a través de la pantalla te produce una vacío anterior poco
conocido, un sentimiento que nubla tus ideas y tapona tus oídos. Y tú en un
intento de autoconvencerte que el aparato no funciona o que tú en un delirio de
demencia no lo has oído, no dejas de darle al botón de encender la pantalla una
y otra vez. Y siempre lo mismo, nada. Los iconos del escritorio de tu pantalla
no muestran ningún tipo de numeración en ninguno de ellos. Y sin más entras una
y otra vez, una y otra vez a la carpeta de mensajes para comprobar una vez más que
no hay ninguna señal ni intención de recibir un mensaje de consuelo y esperanza
a tu vacío inesperado y desconocido.
Aunque en eso las redes sociales
han apaciguado un poco ese sentimiento horrible que produce a todo ser humano atormentado
por el silencio de su dispositivo móvil. Pero ellas te dejan como un mero
observador de tu propia vida y te hace comprender todavía más que no perteneces
al mundo de tus amigos de Facebook o Instagram, donde sin piedad los que tienes
guardados en tus contactos como amigos, palabra demasiado grande para según
quien, van dejando las huellas de sus encuentros furtivos o programados con los
demás. La ignorancia rancia de tu propia presencia va creando un nuevo y
silencioso vacío que golpea tu cerebro hasta que explota en una especie de
rabia que vomitas tras tus redes sociales. Eso es la nueva era que nos toca
vivir, el nuevo silencio y el nuevo boicot a tu propia autoestima.
Seamos inteligentes y dejemos de
lado todo aquello que no nos produce bienestar y felicidad a nosotros mismos y
a nuestras almas.


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