Concurso Instagram Escuela Tinta Púrpura III
Mirando por la desvalijada ventana, tras sus cristales mugrientos de historias acabadas, seguía con ojos curiosos a una pequeña ardilla. Observaba como saltaba de árbol en árbol en aquel jardín olvidado y abandonado de cualquier contacto humano.
Verla sentirse libre y dueña de todo aquello le hacía ver la dualidad de la vida.
Se veía obligada a olvidar esa casa, su olor a galletas de los domingos, las fiestas de verano en el jardín y los primeros besos detrás de la puerta del garage.
Se iba con él y no sabía como acabaría aquello, lo único que tenía claro era que se deshacia de su última y única propiedad y eso le hacía sentirse desprotegida.
Jaime desordenaba sus neuronas. Desarmaba sus defensas y la hacía vivir en un estado mental febril. Era rabiosamente guapo y encantador. Muy seguro de sí mismo, y con unas ideas bohemias sobre la vida y el amor que la fascinaban.
Cuando se le acercaba, con tan sólo rozarla, sus sentidos enmudecían y solo existía él.
Así que cuando le propuso la venta de la herencia de su padre tras un dulce e intenso beso, no pudo más que contestar que sí.
Pero ahora, tras la firma de la venta y dos días sin saber de él, empezaba a arrepentirse de su absurda idea del amor.



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