Mi cabeza
En
el ser humano existen diferentes tipos de cabezas. Los hay que la tienen
excesivamente grande o por el contrario demasiado pequeña, los hay con una tremenda
pelambrera y en cambio otras brillan por la ausencia de pelo. Las hay que son
tremendamente testarudas, pensativas, analíticas, observadoras, diccionarios,
sabiondas, etc. Pero hoy os quiero hablar de la mía.
Yo
y mi testa a solas somos como una explosión de discusión continua, no podemos
dejar de estar en desacuerdo en todo aquello que nos planteamos u observamos. Ella
es una vil superviviente y siempre lucha para que yo no me meta en líos, aunque
esa defensa sea dejar de lado la otra voz de mi persona, mi alma.
Tener
tan solo 10 minutos a solas con ella, me desorganiza todo lo que forma parte de
mi ser, desmonta mis ilusiones, desmonta mis sueños, desmonta mis ideas,
anhelos, proyectos, ella sola desmonta lo indesmontable. Y es que ella quiere
que yo permanezca en el grupo de personas que lleva una vida digna y recta
(como ella lo llama), pero otra parte de mi ser prefiere ser caótica y
soñadora.
Solo
puedo deciros que dejarme a solas con mi cabeza no resulta una tarea fácil y
beneficiosa para mi alma. No quiero maltratarla, se que lo hace por mi bien, yo
quiero cuidarla, amarla y mimarla, porque ella es el motor de mi alma, de mi
ser y de mi cuerpo. Ella ordena y manda, y desmoronarla sería mi gran, infinito
y final error. ¿Qué hago con ella? No quiere escuchar y no se deja engañar,
susurra amenazantes palabras que clava en mi órgano más latente para que las
grave el ordenador que amuebla mi atestada y dictadora cabeza. Ruido acompáñame
durante el resto de mi vida, para que no la pueda oír y pueda descansar de
todas sus acusaciones y opresiones.



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