Le llaman deseo
Sentía
su boca cerca de mi cuello y pude notar cada segundo de mi estremecimiento.
De
pronto, sin avisar, su lengua acarició mi piel y explotó en mí una sensación
que me quemaba y que me obligaba a desear más y más.
Él
se apretaba más a mi cuerpo y yo le apretaba más a mí.
Se
separa a traición y a allí me quedo yo, jadeando y con la respiración entrecortada. Sus ojos demuestran lo que su sonrisa esconde,
y sus manos le delatan buscando debajo de mi camisa.
Los
botones ceden a sus dedos, podrían haber puesto un poco más de resistencia, y
entonces yo no habría caído rendida ante su lengua.
Esto
no son besos normales, son besos llenos de euforia, ansiosos y nerviosos. No sé
a dónde me llevan, pero ellos continúan con su trabajo de volverme loca. Y
deciros que no tiene piedad.
Mi
lengua, su lengua, mis labios y sus labios con acorde melodía con nuestras
manos comienzan una danza erótica, que nos hace respirar de forma torpe, de
manera que impide que sea algo casual. Y en un par de segundos siento la
necesidad de absorberlo, como si su alma me calmase este delirio.
Y
en un par de segundos me siento ebria, ebria de besos, caricias, susurros y
gemidos.
¿Alguna
vez os habéis sentido así?¿Alguna vez habéis besado a alguien de manera que
sientes que absorbes su alma?



Comentarios
Publicar un comentario