La madre latente

Los traviesos ángeles no se podían dormir, así que sin más ella, con su inmensa paciencia, su olor a madre latente congelado, les lee un cuento de buenas noches. Así los pequeños santificados se acuestan alrededor de ella y cierran sus ojos uno a uno, con el único sonido de la voz de aquella alma bondadosa con sabor a madre. Dulces sueños pequeños ángeles, soñad en que vuestros petrificados cuerpos dejan de serlo y podéis bajar a disfrutar del mundanal universo y sus pecados carnales. Un mundo dónde los seres que lo habitan lo desgastan hasta dejarlo en los huesos. Y esos martirizados seres que lo habitan busquen vuestra ayuda infantil y angelical desesperadamente para alargar sus terribles y mortificadas vidas.


                                          Foto del Paraninf de la Universidad de Cervera.

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